Like or love?

Cuando uno está enamorado mira para un lado, ve amor en los letreros, amor en las canciones y hasta en el cielo; mira para el otro y ve amor en los cafés, en los cines y más recientemente ve amor hasta debajo del agua.  Es como si al enamorarse se enamorara el mundo. Cuestión es que, uno se desenamora y el mundo sigue enamorado.

Pareciera que, las reflexiones ya no importan, porque ahora amor es un perfume, una playera, un llavero, sin embargo, en algunos casos, también es aquello que se gesta entre susurros y silencios; entre los pactos de la mirada silenciosa y acompasada del encuentro.

Ahí donde la libertad de la palabra establece las formas en que alguien desea amar y ser amado: “esto sí amor”, “esto no”; palabras que exigen la escucha del otro más allá de las imágenes, esas que se empañan como los espejos. El amor entonces también es un pacto, una condición de armonía entre palabras, el amor arroja a los amantes a decirse quienes son y de donde vienen, arroja a buscar conocer lo más íntimo de mi propia historia y de la del otro, de sus cicatrices, de sus símbolos y sus silencios.

El amor es un encuentro, con mi propia historia y con la del otro, es un pacto, donde se establecen los caminos de “nuestro” deseo, donde se establecen los acuerdos que permiten decidir la aceptación o no de ese pacto, el amor por eso también es libertad.  Pero a veces, también las ideas se distorsionan.

Quizá también podemos pensar que hay situaciones o circunstancias que atrofian el amor. A lo mejor esas circunstancias ya hasta tienen nombre en este tiempo, tiempo donde encontramos que el amor se vende en las panaderías, se encuentra en los restaurantes, en las camisas, en Twitter, en Facebook y hasta en este escrito.

Pero a lo mejor lo más grave no es el “amor-deformado” que puede respirarse en el ambiente, sino que lo grave, podría ser -también- que, ante tanto amor, se nos olvide algo importante: la amistad, aun cuando podamos decir que se nos olvida. Basta con pasar unas horas escuchando atentamente para notar que de lo que se habla, ciertamente es sobre amor, pero paradójicamente con un amigo. Epicuro no estaba tan equivocado al mencionar que la amistad era el valor más importante, no porque con los amigos se hable de amor solamente, sino porque a través de la conversación se da esa “comunidad en la que cada cual es él mismo para el otro porque ambos encuentran al otro y se encuentran así mismo en el otro”.

Probablemente también la amistad es el valor olvidado por excelencia o que trata de permanecer olvidado; pero cabe aclarar que no una amistad tipo Facebook, sino una donde “lo uno es lo uno de lo otro y lo otro es lo otro de lo uno”. Es decir, esas amistades que “ya no se encuentran” y que se sienten con el corazón.

 Lo cierto es que, no siempre tenemos esos espacios, momentos o a esas personas para narrar nuestras historias, nuestros amores o nuestros dolores; es ahí donde los espacios privados, confidenciales y confiables son requeridos, ahí está el espacio de la clínica, ahí está el espacio emocional, la escucha atenta, sin juicios, confidencial y plena, la escucha activa que la atención clínica permite.

Conocernos a nosotros mismos es parte de un trabajo de construcción subjetiva, de conocimiento de sí, saber qué queremos y sobre todo saber que somos capaces de elegir y decidir sobre nuestro bienestar, hacer los pactos necesarios con nosotros mismos y con los otros, porque sin duda hay diferencias entre los deseos “fugaces e inmediatos” y otros: “los que contribuyen a la paz del alma”, la paz que podría alcanzarse inevitablemente con el autoconocimiento, donde impera la reflexión.

El autoconocimiento es el camino, el camino para alcanzar mi felicidad.  

Por eso cuando uno comienza a repensar su presente, reflexionando sobre sus propias emociones, podrá dar cuenta de muchísimas cosas, podría notar que toda su vida vivió engañado. Sin duda, pensar que la realidad ya está dada, es pensar que no hay posibilidad, y parte del amor -decimos- es apostar a repensar nuestra realidad para saber que, a pesar del dolor de la ausencia, “La noche es más oscura justo antes del amanecer”.

Los ojos tienen historia, es en efecto necesario ser cuidadoso con la mirada que tenemos de nosotros mismos y de nuestra vida, porque por el peso de las cicatrices de nuestra historia, muchas veces creamos y creemos que la realidad es absoluta, como si no tuviéramos la posibilidad de cambio, es por eso por lo que deconstruir nuestros miedos, no es sólo fundamental sino necesario.                                                                       

  Ángel G. Juárez

Referencias

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